8 lecciones de vida que deberías haber aprendido de tus padres.

La idea de este post se me ocurrió una tarde linda de mis innegociables vacaciones mientras veía películas en mi apto y disfrutaba por billonésima vez  del Episodio V de la saga Star Wars. Esa escena en la que Yoda le dice a Luke, animándolo a continuar, luego del primer intento fallido por sacar su nave del pantano: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”, siempre me emociona por su contundencia y confieso que me inspiró a escribir este post sobre la reflexión central de cuáles fueron las lecciones de vida que aprendí o hubiese querido aprender de mis padres. Muchas de sus enseñanzas encuentran su espacio en cada lección. Y bueno, a propósito de Yoda y de mis padres 🙂 , en un planeta con tanta diversidad biológica justo a mí me toca ser yo y también ser padre de mis hijos. A los que espero haberles enseñado de alguna manera ya o muy pronto algunas de estas lecciones.

  1. El tiempo vale más que el dinero. Porque puedes obtener más dinero, pero no puedes obtener más tiempo. El tiempo no se estira, ni se congela, ni se devuelve. Tampoco se guarda ni se engaveta, se pierde. Lo aprovechan otros. El tiempo es el verdadero recurso no renovable de la historia de todos los tiempos.
  2. No pierdes, aprendes. Piensa en esto: “hay quienes ganan y no saben aprovechar la victoria”. El ganador que no aprovecha su victoria está ganando a medias. Es un mal ganador que a futuro será también un mal perdedor. Un buen perdedor en cambio además de reconocer su derrota es quien aprende de ella para disminuir la ventaja que otros tienen sobre él.
  3. El dolor es un hotel, jamás una residencia. Aunque estés deprimido por una ruptura sentimental o desconsolado por causa de un duelo familiar, te darás cuenta pronto que todos las personas a tu alrededor siguen con sus vidas. Y así debe ser. No puedes abandonarte a morir a cuenta gotas eternamente por ningún motivo ni por nadie. Entiende que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
  4. Las personas valoran que las tomen en cuenta. Excluirlas o darles el mínimo de atención es equivalente a decirles “no me importas imbécil”. Con el tiempo puedes llegar a necesitar a quienes rechazas y te verás jodido por haber desestimado las cualidades que en ellos otros sí vieron. Quizás debas darle otra oportunidad a quienes desean mostrarte quienes son en realidad.
  5. Lo que creas y pienses de ti te convierte en quien eres. La manera en la que tú te defines como persona condiciona tu actitud, personalidad y resultados. Cuando tu mente trabaja en tu contra, tienes al peor enemigo de adversario. Cuando trabaja a tu favor, se convierte en tu mejor aliado.
  6. Nadie es completamente incondicional. Ni nadie literalmente haría todo por ti aunque te lo jure con sangre. Conoces hoy a mucha gente que mañana te va a decepcionar. En situaciones cruciales, más de uno te dará la espalda. Pero esto no puede acabar contigo ni convertirte en la víctima sacrificada del chisme. Son momentos para fortalecerte y aprender a esperar más de ti que de los demás.
  7. Las mentiras duran poco, al que miente se le recuerda siempre. Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo. La magnitud de una mentira descubierta, puede inmortalizar a un mentiroso.
  8. Llueve para todos pero nunca llueve a gusto de todos. Siempre habrá a tu alrededor gente inconforme con lo que les brindas. En esta vida no puedes mantener a todos contentos aunque te empeñes en hacerlo hasta desgastarte. No puedes estar bien con Dios y con el Diablo al mismo tiempo. Ni ser amigo de todos. Y no debes frustrarte por eso, ya que son las consecuencias inevitables de alguien capaz de tomar y asumir las consecuencias de sus decisiones.

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