3 señales que demoran tu experiencia de cambio

Hay creyentes y descreídos de los efectos del pensamiento sobre la conducta. Yo soy un creyente, y sé como tal, que detrás de una conducta hay también una manera particular de pensar. Expresar esa manera de pensar con acciones y conductas te hace  ser quien eres. Algunas personas están a gusto con quienes son, otras no. Pero hay otras que quieren cambiar y no pueden. ¿Será cierto que a algunos  se les da mejor el cambio que otros? Yo pienso que a la gran mayoría de las personas se les puede dar.  Siempre y cuando sepan identificar e intervenir a tiempo estas 3 señales que demoran cualquier experiencia de cambio. ¿Las reconoces? Veamos…

  1. No te visualizas “Otro”. Si realmente quieres un cambio tienes que ser inescrupulosamente honesto sobre quién eres “aquí y ahora” y qué es lo que quieres llegar a ser “allá y entonces”. Visualízate Otro. Defínete Otro. No puedes cambiar sin antes definir con claridad, y a todas luces, quién eres. Es absurdo iniciar un proceso de cambio de alto valor de dirección personal en base a una información incompleta de ti mismo. Define un Yo del “aquí y ahora” versus un Otro del “allá y entonces”, y pregúntate por argumento de contrarios: ¿Qué debes hacer para transformarte en la persona que quieres ser? Recuerda,  [TU NOMBRE ], tú no vas a cambiar, van a cambiar tus ideas, y por ende, tus acciones y resultados. Por ejemplo, ¿Eres despistado, intransigente, irritable, sensible a la crítica? Pregúntate y precisa cuáles son los pensamientos e ideas que confluyen en la cabeza de quienes son bajo tu óptica personas centradas, abiertas y conectadas, planificadas e inteligentes emocionalmente. Esto te permitirá hacer un recorrido visual de las acciones que debes atender y te mostrará dónde tus actitudes quedan cortas para pasar de un “punto de origen” a un “punto destino”. O bien, afinará tu capacidad de ver con claridad tu rol integral como persona en el presente y en el futuro.
  2. Sientes piezas sueltas. Las cosas no están en su sitio. Además, sientes que existes, no que “vives”. Tienes ese malestar en forma de una sensación de inadecuación. Sientes que no estás cómodo ni a gusto con la vida que llevas y con lo que haces. O por mejor decir, sientes que algo no está en su lugar ni marcha bien. Al mismo tiempo, estás harto y decepcionado de la persona en quien te has convertido. Te sientes descontento y frustrado de ti mismo. Más allá de este estado de hartazgo y estanque, este enclave del ánimo puede tornarse en el mejor amarre para iniciar un cambio personal. No estás sintiendo nada diferente a lo que antes haya sentido quien ya logró cambiar. Créeme. Así como el dolor es personalizado, un proceso de cambio también debe caracterizarse por ser personalísimo. Sin ese estado de hartazgo y estanque no se podrá impulsar la experiencia de cambio en términos personales, realistas y posibles. Porque no hay cambio realista si no hay antes una necesidad legítima y auténtica de cambio que represente una salida y la posibilidad de remidensionar tu vida y tus relaciones.
  3. Tu capacidad de autoengaño crece y crece. Quiero decir, tu capacidad de autoengaño es mayor con el tiempo y, crece y crece, como puede crecer con cada mentira la nariz de un mentiroso. Y esto se debe a tantos intentos fallidos de cambio. Aprendiste a decir con ligereza el lunes empiezo dieta, este es el último cigarro, le dices a tus amigos que ya no apuestas, que esa relación tóxica con ella o él ya terminó.  Ya debes tener claro que tus acciones anteriores no funcionaron. No generaron los resultados que esperaste. Sin ambages debes asumir que: “Tus resultados no se corresponden con lo que tú deseas para ti.” Pero no, todo lo contrario, finges que todo va bien y que tienes el control. Si no eres capaz de conectar con lo que quieres de principio a fin,  siempre estarás fuera de comunicación contigo mismo. Y tu experiencia fallida de cambio volverá a repetirse.

Photo © Rekiem

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